Imprimir

un amanecer artesanal

Escrito por Karen Moralez. Posted in Artículo

974358 303685969796209 361780043 nLa niebla es la primera en ver el sol, con ella desaparece, surge en el ambiente un aroma a tierra húmeda, los pajarillos y aves de corral cantan y anuncian el inicio del amanecer; las artesanas de Amatenango Del Valle, se despojan de sus sueños y del Calor de su cómoda cama, para que a las 6 de la mañana comiencen con las labores de una mujer de comunidad, El aroma de las ricas tortillas hechas a mano comienza a dispersarse en el ambiente húmedo de la mañana, calor de la cocina y del fogón calientan los tiritados cuerpos de las mujeres quitándoles el sereno;

 el humó acaricia cada parte de sus caras cansadas y cabellos casi frágiles, el humó impregna sus ojos sin importar el daño que pueda causar.

Trabajadoras y luchonas son las mujeres de Amatenango del Valle, siempre con ideas que surgen en esas mentes de artistas, se pasan los días pensando en sus nuevas obras para poder plasmarlas en aquel frágil material que a simple vista no tiene valor alguno hasta que son tocadas por esas manos creadoras y hacedoras de su cultura rica y viva, rutina diaria que ellas siguen después de terminar el desayuno, unos riquísimos frijolitos de olla con pepita, pozol y cafecito de olla como lo prefieran algunas.

David-E.-AgulilarSon las 8 de la mañana se apresuran a levantar todo y dejar arreglada la cocina con entusiasmo y anhelo entre risas y platicas; se juntan todas en el patio de su casa, algunas comienzan a amasar el barro con esas manos ásperas que el tiempo y el material con que laboran les ha dejado; otras, preparan sus herramientas y lugar de trabajo; pinceles, mesas, sillas, barniz, pinturas y a sí comienzan las hermosas obras que cada mujer hace con dedicación.

Mientras, las mujeres grandes trabajan con esmero y pasión; las niñas, futuras alfareras observan con entusiasmo la labor de sus madres, aquellas más grandecitas comienzan a experimentar aquel material frio, compacto y pegajoso en sus tiernas y suaves manitas, que también con el tiempo se harán duras y ásperas.

Sus animales fieles compañeros de trabajo, los acompañan, quienes parecen estar cómodos recostados a su lado, el sol no están molestoso y deja que ellas continúen con su trabajo; se acerca la 1:00 de la tarde y comienzan a apresurase una vez más, para que de sus manos casi cansadas, ahora tengan otra intensión más, que es agregar un exquisito sazón a los ingredientes que se encuentran en su humilde y agradable cocina.

Esperan con ansias a sus maridos que llegan cansados y sudorosos, en sus vestimentas cargan manchas de tierra y alguna que otra ramita o sácate del terreno bien trabajado; llega las 2:00 de la tarde y sin pensar más chicos y grandes corren a la mesa para degustar aquel maravilloso y sencillo platillo que con amor preparan las mujeres.

El día no parece terminar, cuando sus platos están vacíos, todos se levantan y agradecen por sus alimentos, ellas continúan trabajando, limpiando toda la casa ya que la mayor parte de la mañana se la pasan trabajando con el barro, la tarde se la dedican a los niños, y para las que tienen, a sus esposos; lo que resta a sus quehaceres en su hogar, en esto se incluyen a las que no están casadas. Llaga la noche y sus cuerpos fatigados exigen un poco de descanso en la cual llega el momento de sentarse en la sala, ver un rato su telenovela favorita, entre cierran sus ojos exhaustos. Después de un breve descansó a las 7:30 ellas se paran una vez más; la hora de cenar con la familia ha llegado, después dejan caer sus cuerpos ya sin fuerzas a su acogedora cama y comenzar otro día, un amanecer artesanal.