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Acceso a Internet, ¿un derecho humano en México?

Escrito por Luis Miguel González (El Economista). Posted in Medios e internet

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La iniciativa de Movimiento Ciudadano recuerda a la implementada en Estonia, hace más de 10 años, una pequeña nación que ahora es 20% más rica que Rusia.

En 1996, la pequeña República de Estonia comenzó un programa público para impulsar el desarrollo de Internet. Un lustro después, este país, de 1.34 millones de habitantes, se convirtió en el primer país en elevar a rango constitucional el acceso a la red. Las consecuencias de su decisión son notables: la conexión a la red se convirtió en un mecanismo de desarrollo de la democracia y en un dique contra la peligrosa influencia rusa.

 

Permitió, además, el surgimiento de un clúster de tecnologías de la información. Ahora esta nación, que fue parte de la URSS, es 20% mas rica que Rusia medida en el PIB per cápita, a pesar de no tener riquezas naturales, y tiene mayor grado de desarrollo humano que cualquiera de las exrepúblicas soviéticas. Destaca la alta calificación que tiene en las categorías relacionadas con libertades. Es número 1 mundial en libertad on line, por ejemplo.

¿Por qué hablar de Estonia?, se preguntarán ustedes. Ese país es chico y está lejos. La razón es que un grupo de diputados del Partido Movimiento Ciudadano está promoviendo reformas constitucionales para establecer en la Carta Magna el acceso a Internet como un derecho humano, para todos los mexicanos. Más o menos como hizo Estonia hace más de una década. Muchos piensan que es exagerado decretar el acceso a Internet como un derecho humano. ¿Por qué no declarar también la posesión de celular o la entrada a los partidos de la Selección Mexicana de Futbol?

El dotar de rango constitucional al derecho de acceso a Internet es una forma de perfilar una idea de futuro deseable: que 100% de mexicanos pueda participar en la red, menos los que decidan no hacerlo. Al colocarla en la categoría de derecho fundamental, asumimos que debe encarnar en una política pública, convertirse en un compromiso de Estado. Internet es sólo un servicio tecnológico, si se define en términos estrechos. En una perspectiva más amplia, es un instrumento para hacer realidad algunos derechos fundamentales, como la libertad de expresión y el derecho de acceso a la información. En un sentido figurado, es clave para desarrollar la libertad de asociación y reunión en estos tiempos de redes sociales y virtualidad. Es un factor de desarrollo individual y progreso social.

La iniciativa legislativa de Movimiento Ciudadano hace eco de la declaratoria de la ONU: “el acceso a Internet debe considerarse como un derecho universal”. Pretende poner la legislación mexicana en la misma tesitura de las que tienen Francia y Colombia, que han declarado el acceso a Internet un derecho de sus ciudadanos. No menosprecio el hecho de que esta iniciativa surja de una fracción parlamentaria que tiene 17 diputados. Será difícil que pase como ley. De cualquier modo, el gran reto será la resolución de las cosas prácticas. Unas tienen que ver con el gobierno y otras con el mercado.

No es difícil que el Estado se convierta en un “ogro filantrópico” versión digital: el gran facilitador del crecimiento de la infraestructura física de Internet tiene todo para ser el principal inhibidor del acceso libre a Internet, a través de mecanismos de censura, como en China, o de adulteración de contenidos, como en otros países democráticos.

Dejo para el final, el tema más complicado: ¿Cómo lograr que accedan a Internet los ciudadanos más pobres? ¿Cuánto cuesta este sueño? No he visto las cuentas, pero estoy seguro que es más caro seguir como estamos.

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