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José Ignacio Martínez Molina, conocido como “El nacho loco”.

Escrito por OSCAR SANTIZ. Posted in Las Noticias

555855 553692244649116 1403065001 nSan Cristóbal de Las Casas.- El pasado 09 de septiembre se cumplieron 41 años de la desaparición física de José Ignacio Martínez Molina, mejor conocido en esta ciudad como “El nacho loco”, personas que en su mayoría las mamas usaban para espantar a los niños que no les gustaba obedecer o se portaban mal.

Fue a las 07:00 horas del año 1974 cuando un reporte por elementos de auxilio, informaron que “El nacho loco” había perdido la vida a causa de un paro cardio respiratorio, quedando tirado en el parque de “La alameda” frente al templo de Caridad, hoy mercado de Artesanías.

 

La caridadLo curioso de la muerte del personaje, fue que se le vio rodeado de pajaritos, ya que amaba la naturaleza, quien recorrió la mayoría de los municipios de Chiapas, ya que por su problema mental nunca pudo ubicarse.
 
El cuerpo de “Nacho loco” que descansa en el panteón municipal de esta ciudad, se dice marcó una época como lo hiciera la misma María Cartones, ya que siempre caminaba de cabellos despeinados y barba canosa, con su ropa rasgada y percudida de estilo estrafalario, su chamarra, con un zapato y con un huarache, pero siempre con su inseparable petate donde llevaba piedras y latas viejas.
 
Datos proporcionados Miguel Ángel Muñoz Luna, Director del museo de Curiosidades de esta ciudad, hace mención que la figura de José Ignacio Martínez Molina, como posiblemente se llamaba, ya que no era más que un empedernido vagabundo, hablaba con los árboles, los pájaros y disfrutaba en su silencio, y su mirada todos los amaneceres.
 
“Este desafortunado personaje, por su locura, se ganó más fama de malo y roba niños de lo que realmente fue. Aunque muchos hablan que antes de estar en este estado mental, había asesinado a su pareja, y por su culpabilidad, había quedado demente”, citó el joven historiador Muñoz Luna.
 
Recuerda que el “Nacho Loco”, fue un personaje que siempre llevaba su botella de trago, y aunque su maldad no era como se decía, cuando lo molestaban solía decir muchas groserías, “incluso, cuando no se le daba limosna, la cual pedía amablemente con ese aroma de vagabundo y suciedad”.
 
“Muchas veces solía hablar de su esposa, de sus hijos y de su hermano, pero nunca se supo sobre su pasado y su familia. En 1976, Nacho falleció a un costado del kiosco de la alameda, por una desnutrición avanzada que lo condenó a una insuficiencia respiratoria e infarto al miocardio (eso decía el peritaje de defunción)”, apuntó.
 
Los primeros en darle el adiós tras su muerte fueron cerca de 40 a 50 pajaritos, quienes le dejaban migajas de comida y algunos solo haciéndole compañía.
 
Aunque muchos en ese año lo conocían, poco se supo de su edad exacta, pero se calcula falleció a los 90 años edad, y que además era originario del municipio de Socoltenango, aunque sus primeras apariciones la hizo en el barrio de Cuxtitali, al oriente de la ciudad.
 
“Nacho loco”, dicen los que lo conocieron no estaba del todo loco, ya que en sus ratos de lucidez contaba anécdotas a las ciudadanía, aunque a muchos funcionarios del municipio les pedía dinero con su lema “me da usted mi 5, me da usted mi 10”.
 
Cuentan que la mayoría de las mamas condicionaban a los niños para que se portaran bien, asustándolo con el “nacho loco”,-si no te portas bien, viene el nacho loco. Si no haces la tarea, viene el nacho loco- si no comes, viene el nacho loco”, por lo que algunos le decían “el coco de San Cristóbal”.
 
Tras la muerte de Nacho loco, un ciudadano  el barrio de El cerrillo, Ángel Morales Suarez, fue quien se encargó de los gastos del sepelio, no así el municipio, aunque el ayuntamiento de 1974 donó el ataúd, que era en esa época una obligación.